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Las empresas corrugadoras de países como Chile y México analizan las oportunidades y limitaciones de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.
por Carolina Londoño
{mosimage}En un mundo globalizado como el actual, un Tratado de Libre Comercio es más que un acuerdo político y económico entre dos países: es ya una necesidad imperiosa en el mundo comercial del siglo XXI, cuando ya la oferta se queda corta dentro de las fronteras y es necesario buscar más allá de los límites de la industria local.Pero la idea de olvidar las fronteras no es un concepto nuevo. Desde 1994, cuando Estados Unidos firmó su primer Tratado de Libre Comercio con México, más y más países incluyeron, dentro de su política macroeconómica, la promesa de abrir el mercado gracias al cúmulo de ventajas arancelarias en la compra de materias primas, recursos tecnológicos e y reducción de impuestos que la firma de estos acuerdos conlleva.
Resultados satisfactorios
El Tratado de Libre Comercio firmado por Chile con Estados Unidos es visto por los corrugadores australes como muy positivo. Así lo afirma Heriberto Sepúlveda, gerente comercial de Industrias Vanni, compañía corrugadora chilena. “El mundo se nos agrandó, ahora accedemos al mercado que queremos. A partir de la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos no sólo tuvimos que adquirir tecnología de punta, sino mejorar la calidad de nuestros productos ajustándonos a la exigencia de la norma ISO 9001 y demás restricciones de calidad. Estas exigencias son imperativas y estrictas en un mercado global”, aseguró Sepúlveda.
Para Oscar Serrano, gerente de la empresa mexicana Embalajes Continentales asegura que aunque los beneficios de un comercio libre con Estados Unidos son evidentes, el acuerdo también tiene sus puntos grises: “En lo personal pienso que cualquier apertura es positiva, en cualquier ámbito. En lo que se refiere al TLC creo que ha tenido beneficios en el entender mejor los mercados de otros países y por consiguiente la mejora de los requerimientos de fabricación, de calidad y servicio que hemos logrado a partir del acuerdo, aunque cabe mencionar que la forma en la que se negoció el tratado no fue la mejor puesto que se tuvieron varios puntos en los que nos dejaron desprotegidos y ha costado mucho el poder equilibrarlos”.
Según José Refugio González, Gerente de la también empresa mexicana Papel, Cartón y Derivados, el acuerdo de libre comercio con el país del norte ha sido benéfico para la industria corrugadora no sólo en la aplicación de tecnología de punta “sino que ha permitido tratar con proveedores nuevos, mejorando en el precio, en la calidad y en los negocios y tratos que hemos realizado con Estados Unidos y Canadá. El TLC nos ha obligado a ser más competitivos, al mejorar la calidad de nuestros productos, porque de lo contrario, nos quedaríamos rezagados y no podríamos estar en la competencia como fabricantes que somos”.
Materias primas
Con respecto al acceso de materias primas, los expertos corrugadores coinciden en que, al ampliarse el espectro de mercado, la competencia es mucho más aguerrida, porque se compite con los estándares de calidad de Estados Unidos y Europa. “Hemos tenido la posibilidad de nuevos proveedores, de diferentes materias primas a un mejor precio, pero en algunos casos como el del papel, en el que por la baja en el consumo americano empezó a entrar papel a precio dumping a nuestro país, lo cual nos puso en gran desventaja a los fabricantes nacionales y por lo consiguiente a grandes pérdidas”, afirmó Serrano.
Competitividad y materias primas
“Lo que pasa es que ya competimos con altos estándares. Es común que nuestros clientes quieran sus empaques como aquellos que ven en las vitrinas de países desarrollados, en Europa o Estados Unidos, y por eso quieran innovar. Con el TLC nos abrimos a cualquier mercado y esto, además de ser una ventaja, es una gran exigencia”, afirmó Sepúlveda.
Y es que los cambios se siguen presentando a pesar de que ya van muchos años tras la firma de este acuerdo comercial: “Por supuesto que ahora somos más competitivos” – dice Serrano- el tratado de libre comercio con Estados Unidos nos ha llevado a realizar grandes cambios en la mejoras de todos nuestros procesos productivos, ya que el TLC nos ha hecho mucho más conscientes de los requerimientos para competir y para tener a nuestros clientes satisfechos con el servicio y calidad”.
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La revolución de los empaques
Para el corrugador chileno Heriberto Sepúlveda, en la actualidad se vive un verdadero movimiento innovador en el diseño estructural y gráfico de los empaques. Ahora, los diseños coloridos y alegres son los que marcan las tendencias más importantes del mercado actual: “vemos estos estilos principalmente en los empaques de uvas, pastas y frambuesas”.
Con respecto a las estructuras de cajas y empaques, Sepúlveda asegura que hay nuevas e ingeniosas aplicaciones, como las cajas autoarmables, que se justifican en las restricciones aduaneras de muchos países que prohíben la entrada de ciertos compuestos como el pegamento. Estos diseños autoarmables son prácticos y seguros en la protección del producto.
“La industria de la alimentación exige cambios en los empaques de los productos. Es una industria que se ha movido bastante y que verá diseños completamente nuevos a partir de este año y hasta el 2009”, completó Sepúlveda.
En cambio, para Serrano los movimientos de mercado no se han visto de manera singular en la industria mexicana, debido a los altos costos de producción que estos implican “en este rubro no hemos detectado hasta hoy un gran cambio puesto que por lo general los grandes cambios que se van dando en el mercado americano tienen que ver mucho con una impresión de alta calidad lo cual lleva a un costo más alto que nuestro mercado no está dispuesto a pagar”.
El principal ingrediente para innovar en los diseños de cajas y empaques es la solidez financiera. “Desde mi punto de vista, son muy necesarios los financiamientos para poder alcanzar y llevar a cabo los proyectos que se tienen en mente”, aseguró José Refugio González.
Con la firma del TLC, la industria corrugadora se enfrenta a varios retos que implican una reflexión interna concienzuda sobre los cambios que implica exportar a países y mercados tan disímiles, y competir en el mercado interno con productos de otras latitudes, generalmente con estándares muy altos en calidad. “Considero que nuestra industria ya va dando un cambio importante a ser más competitiva, aunque se debe de acelerar el paso apostando por nuevas tecnologías y en capacitación sobre su funcionamiento, puesto que la competencia mundial avanza muy rápido y tenemos que ser capaces de seguirle el ritmo”, concluyó Serrano.
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