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Revisar permanentemente la estructura de costos, ampliar el portafolio a nuevos nichos de empaques, buscar nuevos proveedores, analizar los precios, pensar en nuevos valores agregados, etc. son opciones que buscan preservar nuestra competitividad. La amenaza de una posible contracción de la demanda no nos puede coger desprevenidos. La región atravesó recientemente una época de importantes crecimientos en su PIB que les permitió a varios países avanzar en el desarrollo industrial.
Avance al que no fueron indiferentes varios corrugadores que aprovecharon para modernizar y ampliar su capacidad instalada. Ahora, ellos se encuentran en una posición más sólida para enfrentar la crisis y aumentar su participación en el mercado. Algunos empresarios consultados afirman que lo que vendrá para el sector corrugador es una verdadera batalla de precios, en la cual, quien ofrezca la mejor calidad, precio y tecnología será el ganador.
Sin embargo, lanzarse al agua en medio de esta posible tormenta a pescar todo lo que se atraviese, también tiene sus riesgos. Una de las máximas del mercadeo afirma que hay que darle prioridad a los clientes actuales que aportan los mayores ingresos, antes que buscar unos nuevos. Por ello, frente a lo que se avecina, es aún más importante estar en contacto con los clientes y hacer equipo con ellos: adelantar estrategias de fidelización con el fin de que no se monten en otro barco.
Por sí solo el esquema de precios bajos se revienta, si no está acompañado de una política clara sobre un valor agregado definido que el cliente identifique. ¿Qué hace diferente a mi producto del que produce mi vecino? Es hora de proponer nuevas cosas, de identificar necesidades insatisfechas, de investigar el mercado. Esto hay que hacerlo ahora para encontrarle a nuestros productos más atributos que el vecino no pueda ofrecer.
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