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Cuando escribo esta nota, estamos en plena conmemoración del primer año de la crisis económica que ha generado pérdidas en todos los sectores productivos y de servicios. Pero debemos sentirnos, en parte, aliviados, pues la rápida reacción de los gobiernos y las empresas impidió que la crisis se extendiera y se generara una depresión económica.
Luego de doce meses de conocer malos resultados en el crecimiento del PIB en toda América Latina, podemos decir que lo peor ya pasó, pues las señales así lo confirman. Una de las principales es el reciente anuncio del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien aseguró que durante el próximo año ese país crecerá. De hecho, técnicamente esa nación ya superó el período de recesión, gracias al crecimiento del 1,9% en el Producto Interno Bruto, durante el segundo trimestre del año.
Los efectos de la debacle económica en la industria de papel y cartón en América Latina, aunque visibles, fueron inferiores a lo que muchos economistas pronosticaban. No hubo grandes cierres de plantas ni despidos masivos entre los fabricantes y convertidores, aunque sí entre algunos proveedores que debieron cerrar algunas de sus instalaciones en Europa y Estados Unidos, con consecuentes despidos masivos.
El informe de 50 Latinas, que coicidencialmente entregamos en esta edición, es un reflejo de la situación: efectivamente hubo pérdidas, pero los mercados internacionales, especialmente Asia, siguen siendo una alternativa importante para la producción local.
Podría decir, basándome en los acontecimientos reales y en este informe, que la crisis generó una reorganización en la industria. Algunas empresas redefinieron su foco de negocio, otras tantas reconsideraron algunas de sus inversiones para sacar el máximo provecho de los recursos disponibles y, afortunadamente para todos, la mayor parte de los actores de la industria continuó apostando a la certificación de procesos y reducción del impacto ambiental.
Para reseñar lo que podría venir, citaré una entrevista realizada por la CNN al economista Sebastian Edwards, de la Universidad de California, quien aseguró que aunque hubo una rápida reacción frente a la crisis, tardaremos unos tres o cuatro años para regresar a los niveles de producción y comercio en los que estábamos.
Mientras tanto, la clave seguirá siendo aumentar la productividad y ahorrar costos. En este último aspecto hay que tener cuidado y no exceder los límites, pues debemos recordar que el intercambio de bienes y servicios es finalmente la razón de ser de nuestro sistema económico.
Vanesa Restrepo
Subeditora
vrestrepo@maripapel.com
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